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junio 11, 2010

"Compus"

“La sociedad de la información y brecha digital”

La evolución hacia la Sociedad de la Información es una de las prioridades de los gobiernos en estos momentos. Organismos multilaterales, como la Unión Internacional de Telecomunicaciones, han establecido como meta la conexión de las sociedades a Internet.

Esto no quiere decir que la simple oferta de servicios de banda ancha al conjunto social satisfaga las necesidades de la Sociedad de la Información. Un ejemplo lo tenemos en nuestro país, en donde existen servicios de banda ancha que no cubren a toda la población.

La competitividad de México como país se ve disminuida también por la brecha digital, ya que es muy complicado transitar hacia la oferta de servicios basados en las TIC’s. Así, la hipótesis de este ensayo es que mientras los gobiernos presten menos atención a las telecomunicaciones, las sociedades menos avanzarán en la modernización de la socialización de contenidos y de información.

Sociedad de la información y brecha digital en perspectiva:

La brecha digital es uno de los problemas más grandes a los que se enfrentan las sociedades de países en desarrollo. Mientras que hace algunos años el principal problema era la separación por nivel de ingreso y educación, ahora se suma la diferencia entre el uso y asimilación de la tecnología.

Podemos poner como ejemplo algunos casos en los que la UIT ha intervenido con el apoyo de gobiernos e iniciativa privada para llevar a la sociedad de la información a mejores niveles:  “Un proyecto internacional denominado “Conectar al mundo” pretende que para el año 2015 cada hogar en el mundo tenga acceso a un teléfono e Internet. El proyecto presentado en Ginebra, está encabezado por La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y más o menos 20 empresas privadas.”[1]

Por lo que respecta a nuestro país, se ha mencionado que “México no presenta indicadores satisfactorios, en contraste con los de Chile, el país de mejor desempeño en el concierto latinoamericano. Nuestro país se ubicó en el lugar 77 en el rubro desarrollo de tecnologías de información y comunicación, como se denomina genéricamente al conjunto de tecnologías de telecomunicaciones, radiodifusión y la informática, tales como internet y telefonía celular y la infraestructura que estos servicios requieren.”[2]

Otro dato preocupante es que “, la conectividad es muy baja en México, está limitada a menos de 22% de cobertura de conectividad y eso nos limita como país”[3]

En este sentido, se ha tratado de establecer cumbres regionales en donde los diferentes gobiernos interactúan y presentan políticas de alcance regional para mejorar la competitividad.

La Organización de Estados Americanos, desde 2001, presentó la llamada “Agenda de Conectividad para las Américas”, misma que ha servido de documento marco para impulsar políticas que lleven a reducir la brecha digital y avanzar en la sociedad de la información.

Para la OEA, se establece que “El desarrollo tecnológico, ha significado el acceso a nuevas tecnologías y una diversificación en la oferta de servicios, pero así también, ha implicado un impacto en la población, definiendo nuevas hábitos de consumo, nuevas formas de relacionarse, comunicarse y de interactuar con el entorno, determinando nuevas demandas y expectativas de los ciudadanos.”[4]

Por lo que respecta a la UNESCO, esta presenta los siguientes datos que dan una idea clara de la transición de una sociedad tradicional hacia la sociedad de la información: “En el mundo existen 5.000 millones de teléfonos móviles en funcionamiento. Dos mil millones de personas tienen acceso a Internet y se calcula que mil millones más frecuentarán la red de redes en 2015. En abril de 2010, la red social Facebook anunció haber alcanzado un total de 360 millones de usuarios, en tanto que Qzone, la mayor red social activa en China, supera los 376 millones de abonados y ha llegado a registrar picos de cien millones de personas conectadas simultáneamente.”[5]

A manera de conclusión, puedo decir que la sociedad mexicana se encuentra en una fase de transformación. Si hacemos caso a los números planteados, la brecha digital en México está avanzando y haciéndose más grande, disminuyendo la competitividad y la modernización de los servicios.

Los organismos multilaterales como la UIT, la OEA y la UNESCO tienen mucho que decir y mucho que proponer para que se hagan acciones precisas que lleven a los gobiernos a la modernización de sus propias estructuras y de sus procesos.


[1] http://www.maestrosdelweb.com/actualidad/2285/

[2] http://www.eluniversal.com.mx/finanzas/79509.html

[3] http://www.eluniversal.com.mx/estados/72991.html

[4] Plan Estratégico 2010-2014. Comisión Interamericana de Telecomunicaciones. Disponible en Internet.

[5] http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/world_summit_on_the_information_society_forum_turning_targets_into_action/

En el último año hemos visto cómo en nuestro país los medios de comunicación han puesto especial atención en dos graves problemas de salud pública: la epidemia de influenza AH1N1 y la llamada pandemia de obesidad que se han establecido en México.

Sin embargo, poco se ha abordado desde el punto de vista politológico los problemas derivados de la salud pública, puesto que son vistos como meros problemas que deben de ser solucionados vía políticas públicas.

Ahora bien, el presente ensayo tiene la finalidad de abordar la pandemia de obesidad desde un punto de vista político, siendo visto el problema como algo que compromete la vida pública del Estado.

Por los motivos antes expuestos, considero oportuno mencionar que la pregunta de investigación que guía este ensayo es ¿Cuál es la influencia de la salud pública (medida a través de indicadores) en el desarrollo político de México?

A lo que sigue la siguiente hipótesis: los indicadores de salud pública en México demuestran que además de los problemas al presupuesto y a la infraestructura hospitalaria de nuestro país, los problemas de salud pública deterioran el desarrollo democrático al presentarse un “hándicap” en las capacidades de los ciudadanos.

Sistema de Salud Mexicano.

El sistema de salud en México se divide fundamentalmente en dos: el público y el privado. Por el lado del sector privado, las aseguradoras, clínicas particulares y personas pagan por servicios de salud en instituciones privadas. Por parte del sector público, tenemos al IMSS y al ISSSTE (además de los servicios médicos de las empresas paraestatales y del ejército) dentro de los llamados “derechohabientes”; mientras que existe lo que se denomina “población abierta” a aquellos ciudadanos que reciben servicios  médicos asistencialistas por parte de la Secretaría de Salud y demás dependencias.

Este esquema fue planteado hace cosa de sesenta años, en los que los problemas fiscales derivados del mantenimiento de un gran sistema de salud no aparecían aún. Por este motivo, se pensaba que eventualmente todos los ciudadanos entrarían a formar parte de algún sistema de salud en calidad de derechohabientes.

Se calcula que alrededor de la mitad de la población mexicana no cuenta con ningún tipo de seguridad social, por lo que el gasto en salud ocupa gran parte de los bolsillos de los ciudadanos.

Aunado a esto, la descentralización de los servicios de salud en los ochenta no se ha traducido en cambios sustanciales en las estructuras de salud en México. “La evolución de los estudios de la coordinación condujo, en el sexenio del licenciado Miguel de la Madrid, a la descentralización de los servicios de salud a la población abierta y a la modificación al artículo cuarto constitucional para incluir la salud como un derecho más de los mexicanos. El IMSS y el ISSSTE, por su parte, no realizaron cambio alguno de importancia social.[1]

Sin embargo, en los últimos años las causas de muerte ya no son prevalentemente por las infecciones contagiosas, sino por enfermedades no transmisibles, como la diabetes, hipertensión, etc. Este cambio tan importante es debido a que se concentraron los esfuerzos del Estado en minimizar los efectos de las infecciones a través de la vacunación.

Esta visión corresponde a la mantenida en el mundo en aquellos años, en la que las vacunaciones masivas ayudaron a aumentar la población y la producción mundial de un modo sin precedentes en la historia humana. Pero dicha visión cambió en el mundo desarrollado a un esquema en el que el cuidado de la persona debe de ser integral, por la proliferación de diabetes, obesidad, hipertensión y cáncer.

Estos repuntes en dichas enfermedades son producto del cambio en la alimentación y en la forma de vida llena de stress. Por esto mismo, se ha visto un incremento de las políticas sociales en países europeos desarrollados destinada a mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

Datos de la obesidad en México

Según la OMS, México es el país con mayor número de obesos y con sobrepeso en el mundo. 72% de las mujeres adultas en México tienen sobrepeso y 67% de los hombres lo mismo. A estos datos, debemos de añadir que el problema más importante radica en las enfermedades no transmisibles que se dan con estos datos.

Uno de los temas principales de análisis es el de la infancia y juventud, puesto que los niños y jóvenes van a acumular más enfermedades en el futuro, siendo éste un reto para la productividad y las finanzas públicas.

De acuerdo con el secretario de Salud, “En tan sólo siete años, la obesidad en niños de cinco a 11 años de edad registró un incremento “alarmante” de 77%, refirió durante su participación en el seminario internacional de Obesidad México-Francia, organizado en el hospital Manuel Gea González.”[2]

En el mismo sentido, se ha visto que existe una gran paradoja en la población mexicana, ya que hay millones de ciudadanos en condiciones de desnutrición y con peso y talla mucho menor a la recomendada; por otro lado, hay también una gran mayoría de mexicanos en condiciones de sobrepeso y obesidad (que es una forma de desnutrición).

Se calcula que para 2015, el gasto público en personas obesas será de 100 mil millones de pesos, lo que frena el desarrollo de proyectos nacionales para el crecimiento económico.

Aproximación politológica

Para tratar de abatir esto, se han creado políticas públicas capaces de dar mayor coherencia a las instituciones de salud pública de México. De acuerdo con Julio Frenk, exsecretario de salud, las modificaciones e impulsos al Seguro Popular “ son una auténtica Reforma de Estado, puesto que reúne tres atributos esenciales: primero, es el fruto de la colaboración respetuosa y constructiva entre los poderes Legislativo y ejecutivo; segundo, surge de un trabajo conjunto entre el gobierno federal y los gobiernos estatales, además de que estipula la corresponsabilidad de los distintos órdenes de gobierno; tercero, la reforma trasciende los límites de una sola administración de gobierno, pues su implantación se hará de manera gradual hasta completarse en el año 2010[3]”.

Es con este tipo de acciones a largo plazo que se puede combatir el problema de la obesidad y sobrepeso. Los acuerdos en grandes reformas nacionales tienen que ver con cuestiones de liderazgo por parte de los propios partidos.

De acuerdo con Arriaga Navarrete, “el gasto en salud, tanto en términos absolutos como relativos, muestra una estrecha relación con el nivel de desarrollo económico de los países.[4]” Por esto mismo, es importante conocer de cerca las principales enfermedades de la población, puesto que es vital para la planeación y la prospectiva de los gobiernos.

La cobertura de servicios de salud ha tomado recientemente la arena internacional con la reforma sanitaria del presidente Obama. La trascendencia de esto, se erige como el respaldo del Estado a la idea de la salud como derecho fundamental del ser humano.

Es así que incluso el acceso a los medicamentos se ha visto como parte de una política de Estado encaminada hacia políticas igualitarias. Al respecto, dice Arriaga que “las formas de financiamiento subordinan el acceso a los servicios de salud, ya que un financiamiento privado se corresponde con un acceso limitado. La inequidad en el financiamiento a los medicamentos se relaciona con la proporción del ingreso familiar que cada grupo (quintiles o deciles de ingreso) destina a la atención a la salud.

El desarrollo democrático de un Estado tiene que ver con la ampliación de las libertades fundamentales de sus ciudadanos. Así, mientras el derecho a la salud no sea plenamente vigente, los ciudadanos de un Estado van a ver disminuidas sus capacidades de desarrollo.

Como mencionaba en la hipótesis, el grave reto al que se enfrenta el Estado mexicano es al de la salud de sus habitantes, aquejados de obesidad y sobrepeso. Estas enfermedades son también producto de la época posmoderna en la que vivimos, en la que el sedentarismo y la aceleración en las comunicaciones han provocado que los individuos vean trastornadas sus costumbres naturales.

Es así que el reto que encarna para el Estado nacional es el de garantizar a cabalidad la salud de sus ciudadanos, no sólo por el hecho de evitar que enfermen, sino que una democracia fuerte requiere de ciudadanos sanos que puedan expandir sus capacidades y su forma de pensar hacia actitudes democráticas.

México ha estado haciendo grandes esfuerzos por garantizar el derecho a la salud. Sin embargo, las reformas neoliberales han debilitado a las estructuras de salud pública en pro de un mecanismo privatizante en el que la salud de calidad está al aclance de quien tiene el dinero.

Es curioso ver cómo también en el ámbito electoral (otra parte vital de la democracia), quienes son los dueños de los dineros son los dueños de los procesos electorales. Por eso mismo se ha impulsado el esfuerzo de control a los poderes fácticos mediante reformas electorales antimonopolio, etc.

Del mismo modo, y actuando como una especie de poderes fácticos, las enfermedades producto de la posmodernidad han debilitado la salud pública y la salud de la “res pública”. Los esfuerzos que se hagan y el análisis prospectivo de la misma servirán para dotar de mayor instrumentos al Estado y a sus ciudadanos de vivir una democracia más plena.


[1] http://www.respyn.uanl.mx/iii/2/invitado/index.html

[2] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/175055.html

[3] Florescano, Enrique, José Woldenberg y Francisco Toledo. “Los Desafíos del Presente Mexicano” Taurus, México, 2006. Página 243.

[4] Montoya, Alberto. “México hacia el 2025”. Centro de Estudios Estratégicos Nacionales, 2004. Tomo I, página 701.